Psiconeuromunología


PARA RELACIONAR EL CUERPO Y LA MENTE NOS BASAREMOS EN LA PSICONEUROINMUNOLOGÍA. Es una rama de la ciencia que estudia las complejas interrelaciones entre el sistema nervioso central (que controla procesos biológicos y psíquicos) y                                            el sistema inmune.

La psiconeuroinmunología estudia y analiza los mecanismos de interacción y comunicación de las funciones mentales con los tres sistemas responsables de mantener la homeostasis (proceso por el cual un organismo mantiene las condiciones internas constantes necesarias para la vida) del organismo: el sistema nervioso, el endocrino y el inmune.

Esta comunicación utiliza un lenguaje bioquímico mediante sustancias producidas por los propios sistemas, tales como hormonas, neurotransmisores y citoquinas.

 

LA INFLUENCIA DE LAS EMOCIONES EN EL SISTEMA INMUNE, NERVIOSOS Y HORMONAL

Las emociones rigen todos los sistemas del organismo de modo que en el ámbito de la psiconeuronimunología se está estudiando como las emociones son traducidas en sustancias químicas (moléculas de información) que pueden desencadenar reacciones en cadena que afectan la química interna optimizando o debilitando nuestro estado funcional y que tienen impacto sobre nuestro sistema inmunológico, sistema endocrino, sistema nervioso y otros sistemas de nuestro cuerpo. De hecho si reprimimos la expresión de las emociones, también reprimimos nuestras funciones orgánicas, lo que a largo plazo se traduce en malestar o enfermedades.

Desde la época de Galeno (129-200 d. C) se sabe que las emociones afectan la salud de la persona tanto en el comienzo como en el curso de las resistencias inmunológicas y en las enfermedades.

Durante la década de los años cuarenta algunas observaciones psicosomáticas se plantearon con respecto a cómo los factores emocionales influyen en el inicio y curso de las enfermedades autoinmunes. Posteriormente dos de las publicaciones que han sido trascendentales en el ámbito de la relación de las emociones con la psiconeuroinmunología se las debemos precisamente a Solomon y Moos (1964) en su artículo Emotions, immunity and disease: A speculative theoretical integration, que se ha considerado en ocasiones como el origen en los inicios de este campo y el trabajo de Ader y Cohen (1975) Behaviorally conditioned imunossuppresión.

Pero no será hasta la década de los ochenta cuando se produzca una mayor producción científica sobre cómo las emociones inciden en las funciones inmunológicas, nerviosas y endocrinas (Kietcolt-Glaser y Glaser, 2001; Glaser y Kietcolt-Glaser, 2005, entre otros).

Recientes investigaciones apuntan a que las emociones positivas pueden ser potenciadas y ayudan a prevenir la aparición de determinadas enfermedades (Eisenberg, 2000; Cohen, et al. 2003; Tugade et al.; 2004; Lyubomirsky, et al., 2005; Cohn, et al. 2009, entre otros). Lo que creemos, lo que hacemos y lo que pensamos tiene efectos positivos como negativos sobre nuestra salud física y emocional. Las emociones activan mecanismos bioquímicos, a nivel de hipotálamo, hipófisis y glándulas suprarrenales, que tienden a suprimir y/o deprimir la respuesta inmune lo que posibilita el desarrollo de patologías adversas como el cáncer.

Por otra parte, las emociones positivas nos permiten, además de, soportar las dificultades de una enfermedad y facilitan su recuperación al desencadenar una serie de efectos positivos en nuestro metabolismo que fortalecen nuestra salud, alcanzar entre otros objetivos, una sana autoestima,satisfacción por el trabajo bien realizado y toma de decisiones más efectivas y en definitiva,mejoran nuestra calidad de vida. De hecho, las emociones positivas también contribuyen a hacer más resistentes a las personas frente a la adversidad y ayudan a construir resilencia psicológica (Aspinwall, 2001; Lyubomirsky, et al., 2005).

La actitud emocional tiene una relación directa con el sistema inmunológico armoniza mejor con la buena salud que una actitud negativa. Una persona que normalmente expresa felicidad, buen humor, amor, amistad, alegría y positivismo es mucho menos propensa a contraer una enfermedad grave que otra que, por el contrario, está enfadada, temerosa, enojada, deprimida o aprensiva. De hecho, cuando nos apresan estados de ánimo como la ira, el miedo o la desesperanza, se elevan los niveles de cortisol y ello entorpece el funcionamiento del sistema inmunitario.

Maruso (2009) considera que las emociones influyen sobre la inmunidad y que la tercera revolución de la medicina es precisamente la psiconeuroinmunoendocrinología. Insiste en que la mente y el cuerpo están intrínsecamente ligados y que fruto de la interacción mente-cuerpo se desencadenan reacciones que afectan la química interna optimizando o debilitando nuestro estado funcional y que está en nuestras propias manos poner en marcha un nueva cultura de la salud que implica que las personas somos capaces de mantener y procurarnos la salud a nivel físico y psíquico.

Queremos destacar que los avances en psiconeuroinmunología nos indican que los estados emocionales pueden modificar y alterar la salud en general, de modo que las emociones positivas favorecen que la persona esté en mejores condiciones de superar las enfermedades que le puedan surgir en el transcurso de la vida. Igualmente, Ortega Navas (2009, 27-28) afirma que las emociones juegan un papel muy importante para la salud, “son una parte innegable de nuestras vidas y son fundamentales para el estado positivo de la misma al contribuir a potenciar una conducta saludable;por el contrario, si son negativas son un riesgo para nuestra salud […] pueden constituir una señal activadora o inhibidora de síntomas de salud o de una enfermedad”.

En la tabla siguiente presentamos cómo las emociones positivas y negativas interfieren en nuestra salud.

PSICONEUROINMUNOLOGÍA

Queremos llamar la atención en que la literatura especializada se ha centrado minoritariamente en el análisis de la influencia de las emociones positivas para preservar y potenciar la salud en comparación con las emociones negativas que han sido objeto de estudio repetitivo y constante sobre esta temática (Fernández- Abascal, 2003; Lyubomirsky, et al., 2005; Cohn, et al. 2009; MoyaAlbiol, et al., 2010, entre otros):

En suma aunque las emociones participan decisivamente en el inicio y/ o curso de numerosas patologías, entre los que destacan los trastornos cardiovasculares, respiratorios, gastrointestinales, endocrinos, musculares, dermatológicos y alteraciones del sistema inmunológico, queremos destacar que la educación emocional como temática actual se debate cada vez más en los ámbitos educativos, consecuencia de la necesidad de educar a las personas para que se conozcan mejor a sí mismas y a los demás para afrontar mejor los retos de su quehacer diario y adoptar estilos de vida más saludables. De hecho, su finalidad es ayudar a las personas a prevenir y aminorar mediante la educación de competencias las conductas de riesgo, o bien, evitar sus posibles consecuencias.

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………..MÁS INFORMACIÓN………..

La integración de los sistemas nervioso, inmune y endocrino tiene como finalidad conservar la salud, hacer efectiva la lucha por la supervivencia y controlar diversas funciones para mantener la homeostasis (equilibrio interno).

Así, el sistema nervioso consciente o inconscientemente percibe y da respuesta a los cambios externos e internos, el sistema inmune detecta y elimina los agentes patógenos externos o internos y el sistema endocrino proporciona la respuesta más conveniente para la lucha.

Estos tres sistemas son sistemas de control porque ejercen sus efectos en múltiples órganos y sistemas y están estrechamente relacionados entre sí, es decir, interactúan los unos con los otros todo el tiempo.

El cerebro será, precisamente, el encargado de integrar estrechamente los tres sistemas señalados dirigiendo su actuación al mantenimiento de la homeostasis (Wrona, 2006).

El sistema nervioso está constituido por órganos que transmiten y procesan toda la información que nos llega desde los órganos de los sentidos. Se divide en sistema nervioso central: encéfalo (cerebro, cerebelo, tallo encefálico) y médula espinal y sistema nervioso periférico ó vegetativo (nervios craneales y nervios raquídeos y sus ganglios) y se divide en simpático y parasimpático. Las células que componen el SNC se denominan neuronas.

El sistema inmunológico está constituido por órganos (timo, médula ósea, nódulos, linfoides, bazo y algunas mucosas asociadas al tejido linfoide) y cinco clases de células (linfocitos B, linfocitos T,monocitos, células natural killers (NK) y granilocitos). Produce ciertos tipos de células (bacterias, virus, parásitos, etc.) que actúan como defensores del organismo y ante células anormales (células cancerosas) en el sistema sanguíneo y linfático y está estrechamente relacionado con el sistema nervioso central.

El sistema endocrino lo forman el hipotálamo, la hipófisis, la glándula pineal, la glándula tiroide, la glándula paratiroides, las gónadas (ovarios y testículos), glándulas suprarrenales y el páncreas.

En 1995 Weigent y Blalock compartieron su hallazgo sobre que el sistema nervioso central y el sistema inmune se comunican y comparten un mismo lenguaje molecular compuesto por hormonas, neurotransmisores y citocinas, que incluso van más allá y sostienen la existencia de ciertas similitudes en la estructura y funciones de ambos sistemas.

Como mencionábamos anteriormente el sistema nervioso central y el sistema inmunológico están íntimamente ligados, de modo que una perturbación en un sistema podría ser reflejada en el otro y tener implicaciones en la salud física y mental (Vidal, 2006).

Por otra parte, la comunicación entre el sistema endocrino y el sistema inmune modula la respuesta del sistema inmune mediante los receptores hormonales que poseen las células, siendo precisamente, los tejidos del sistema endocrino los que poseen receptores para citocinas que les permiten modificar su actividad.

Como habéis podido leer, TODO esta relacionado.

ESTO NOS TIENE QUE HACER PENSAR QUE SI CUIDAMOS NUESTRA ALIMENTACIÓN Y NUESTRA MENTE LOS BENEFICIOS EN NUESTRA VIDA SERÁN INCALCULABLES. 



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